Originada en Nápoles, Italia, la pizza se forma auténticamente de una fina masa similar a un pan delgado, un poco de queso, salsa de tomate y la cocción dura un tiempo bastante acotado en comparación con el que nosotros conocemos. La cultura de la pizza se estableció allí, pero rápidamente se dispersó por todo el mundo y sufrió en el proceso algunas variantes o adaptaciones. En México la pizza mexicana, la árabe manakish, en EE. UU. la chicago-style o la new york-style pizza, la francesa pissaladière, etc.
Algunas pizzerías en Buenos Aires se mantienen fieles a sus orígenes y tradiciones, pero otras adoptan nuevas o comienzan a seguir las tendencias y novedades que llegan del exterior. Después de todo, cada uno prepara la pizza de una manera distinta y los maestros pizzeros ponen su corazón y secretos en la preparación de las mismas. ¿Masa fina o rellena? ¿Con la mano o con cubiertos? ¿Parados o sentados? ¿Horno o parrilla? ¿Delivery o mesa? Estas son algunas de las cuestiones que dividen al mundo culinario y a los amantes de aquella masa redonda llamada pizza.
Decidí embarcarme en un viaje por las calles de Recoleta y Retiro, donde el que busca siempre encuentra. Llego, mojado por la llovizna, a Serafín; un clásico y conocido por todos, padres, abuelos, hijos y hasta nietos. Ubicado sobre Avenida Del Libertador y señalizado con un cartel de neón, es imposible no verlo. Me recibe un hombre que estaba acomodando unas empanadas hace unos momentos. –“Hola, si ¿querés algo?”- y continúa con su trabajo. Atentos pero laburadores, unos trabajando en el horno y otros detrás del mostrador atendiendo a un joven repartidor de Glovo. A pesar de ser conocida y legitimada por muchos como la mejor pizza, el lugar se encontraba casi vacío, solo una familia comiendo y riendo en una mesa del fondo.
Salí de allí y continúe mi caminata, atravesando Recoleta y entrando al barrio de Retiro. Encuentro en frente a la Iglesia del Socorro, un ristorante bastante discreto; Da Mingo es el nombre. Conocido en la zona por su cocina italiana y pizzas muy ricas. Sin gente y con las luces apagadas (habrían experimentado un corte), me dirijo curioso al mostrador, con ganas de saber más acerca del lugar y la comida. El encargado, muy amable, por cierto, niega mi propuesta de hacer una entrevista. –“No puedo comentarte nada yo, el dueño es el que sabe todo”-. Me marché decepcionado pero contento a la vez porque estaba claro el amor y respeto que ese hombre tenía por ese lugar y la comida.



